Prejubilaciones en el sector financiero
La equivocación del Gobierno, a la hora de sondear la sensibilidad social al respecto de prolongar la edad legal de jubilación, ha vuelto a poner encima de la mesa el tema de las prejubilaciones en el sector financiero
Esto no es más que un intento de distraer la atención social sobre lo importante, intentando generar un cierto escándalo que solape la falta de razones sociales para esta medida si no tiene coherencia con la adopción de otras necesarias.
En este punto conviene despejar algunas cosas, toda vez que las
prisas por acallar el clamor mediático está provocando que el partido en
el Gobierno, y algunos líderes de varios partidos de la oposición,
empiecen a equivocar los términos, y los conceptos, relacionando las
prejubilaciones en el sector financiero con la merma en los fondos de la
Seguridad Social. Y esto, o es ignorancia, o es mala fe.
Con
carácter general las prejubilaciones en el sector financiero, se han
soportado en exclusiva por las empresas con cargo a sus reservas, en un
momento, y contra las cuentas de resultados, ahora. Y en esos acuerdos
las propias empresas, o los propios trabajadores y trabajadoras,
mantienen sus cotizaciones a la Seguridad Social, hasta alcanzar la edad
de jubilación.
Sin costo para el erario público, las
prejubilaciones en el sector financiero han servido de instrumento para
rejuvenecer las plantillas, manteniendo el volumen global de empleo
sectorial. Un pacto intergeneracional tácito, en el que la inversión
económica de las empresas en el medio plazo ha encontrado su beneficio
en unas plantillas más jóvenes. En la otra parte, las personas que se
han acogido a estas medidas han adelantado su salida, reduciendo su
renta disponible en activo, así como accediendo a una pensión de
jubilación a la que se aplican coeficientes reductores, tras cotizar al
sistema de Seguridad Social una media superior a los 40 años.
El
carácter amateur de alguno de nuestros políticos, hace difícil que
entiendan como la concertación social en el sector ha permitido
anticipar, en este ámbito, soluciones equilibradas para dar entrada al
empleo joven, mejorando la eficiencia y la productividad. Concertación
que ha sido clave para el desarrollo, crecimiento e internacionalización
de nuestra industria financiera. Además, la improvisación que orienta
la vida pública, y que hoy nos obliga, a salto de mata, a hablar de
prejubilaciones, ayer de la edad de jubilación y mañana del paro
juvenil, hace imposible que esta experiencia pueda ser ensayada, o
estudiada, en otros ámbitos de nuestra economía.
Más difícil será
esta tarea, si quienes tienen que gobernarnos, no se interesan por
conocer las diferencias entre las prejubilaciones y otras fórmulas de
salida del mercado de trabajo, con el rigor exigible a quién tiene la
misión de buscar soluciones aunque no las encuentre.
Alguien
recuerda qué hicimos todos a partir de 1977, en qué circunstancias se
encontraba la economía española en 1983, una década después de la
llamada crisis del petróleo, cuantas entidades financieras se hallaban
en el Fondo de Garantía y qué ocurrió un 23 de febrero de ese mismo año.
En Rumasa trabajaban más de 60.000 personas. En este momento tenemos a
las puertas una necesaria reestructuración sectorial, que afecta
primordialmente a las cajas de ahorros.
Avisamos, tenemos un
bagaje, un modelo que dio éxito en el pasado, en circunstancias de tanta
o mayor gravedad, y que generó una banca fuerte y con proyección
internacional. Aprovechemos esta crisis para innovar, pero aplicando lo
que ya sabemos.
Para finalizar, traten ustedes de soplar y sorber
a la vez. Es imposible, verdad. Pues lo mismo ocurre con las
prejubilaciones y la necesaria ordenación del sector financiero, sobre
todo en las cajas de ahorro. Mientras en una parte del partido, unos
dicen que hay que acabar con las prejubilaciones, otros en otra parte
del mismo partido, fomentan procesos de concentración que generan
excedentes de plantilla por solapamiento de redes.
Al Gobierno le
tocaría nortear el proceso de reestructuración, proponer la reforma de
la Lorca, coordinar con los supervisores, Banco de España y Comunidades
Autónomas, concentraciones más viables económicamente, garantizar que
los SIP se enmarquen en el perímetro normativo de las cajas de ahorros,
en definitiva garantizar un aprovechamiento más eficiente de la
capacidad instalada, sobre todo de sus actuales plantillas, y así
promover la reactivación del crédito y el Empleo con mayúsculas. Pero
bueno como en La historia interminable, esto es una historia para
contarla en otra tribuna. Conviene que la clase política se ponga de
acuerdo, en si lo que toca, ahora, es sorber o si por el contrario toca
soplar, pero en cualquier caso no merece la pena que nos distraigan con
el señuelo de las prejubilaciones del sector financiero.
José
María Martínez López <. Secretario general de Comfia CC OO
Cinco
Días



